¿De qué mujeres habla?

La memoria del 8 de marzo ¿De qué mujeres habla? por José Osuna

La memoria del 8 de marzo

¿De qué mujeres habla?

Existe un día del año donde las mujeres preponderan en los medios de comunicación, los políticos se acuerdan de “esas” votantes, las empresas les exoneran horas de trabajo y les rinden honor en los templos. Parece que, para algunos es preferible un evento celebrativo (que no conmemorativo), donde se entregan flores, se recitan poemas de Neruda, se hace un brindis y todo queda enmudecido con la resaca del día siguiente. Conviene más un festín mediático que asumir en el cotidiano que las mujeres aún no son iguales que los hombres.

A pesar de la información escrita sobre el 8 de marzo de 1857, en nuestro tiempo el discurso todavía se torna reduccionista: “es el día de la inmersión de las mujeres al mundo de los hombres”. Pero ellas tienen otros datos: el 8 de marzo de 1857 en Nueva York, las mujeres salieron del silencio, se manifestaron. Pusieron en evidencia el oscurantismo del mercado laboral, la desigualdad de salarios, la insalubridad en los centros médicos, la falta de prestaciones, la ignominia –en contraposición del discurso esencialista– de ser madres, esposas, hijas, hermanas o cuidadoras. Trece años después en Copenhague, Dinamarca, mujeres de los cinco continentes pugnaron sus derechos civiles, establecieron leyes y códigos, visibilizaron la discriminación educativa, relegaron el derecho al trabajo y la participación política, exigieron la protección de la maternidad, la abolición del trabajo a menores y la defensa de niños y niñas desde su primer día de vida.

Para los griegos, la presencia pública de la mujer suponía una stasis o desorden, para el mundo judeocristiano Adán es primero que Eva, más aún, Eva fue engañada por el maligno y su falta debía ser pagada con un eterno silencio, según el apóstol Pablo. En algunos países de medio Oriente el cuerpo de las mujeres debe taparse. Han sido descritas como sujetos en segundo plano, a un costado, afuera. Lévi-Strauss en sus Tristes trópicos (1955) mencionaba que en un pueblo donde los hombres salen a cazar “no quedaba nadie, salvo mujeres y niños”.

La manifestación del 8 de marzo habla de mujeres reales, es decir, las no imaginadas, las no sacralizadas, de abnegadas a rebeldes. Aunque el tema de las manifestaciones ha sido un issue mental para algunas masculinidades, pensando que las mujeres son una especie de “Liga de la Justicia” que pretende borrar a los hombres de la faz de la tierra, la propensión práctica del feminismo es otra: No se lucha por ser “más”, se lucha por ser igual.