No épocas felics

De momentos felices, No épocas felices

Estamos a escasos días de que las flores de mayo se sequen.  Y es que éste es un mes con una suerte de cambios, tanto en vegetación, climas, jornadas de trabajo, preparativos para el culmen de ciclo escolar, y un sinfín de momentos felices, de experiencias conmovedoras: se alude al día de las y los trabajadores del mundo, desde el campo industrial hasta el trabajo más simple, de esos que requieren el “mínimo esfuerzo”. Se conmocionan también los distintos sectores sociales por honrar y felicitar a las madres (las vivas y las que se han adelantado en el camino), con algarabía, recitales y formas varias de decoro sacralizado hacia la maternidad. También se unen las celebraciones donde se reconoce la labor docente y a la comunidad estudiantil. Cada una de ellas con apreciaciones particulares y dignas de mencionar en las efemérides de un lunes por la mañana en plenos honores a la bandera.

Ante este cúmulo de jolgorios existió un pensador adscrito a una corriente llamada nihilista, quien decía que  «el destino de cada individuo está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices». El nombre de éste intrépido sujeto era Friedrich Nietzsche, alguien que observaba la felicidad como producto de una voluntad y no de una norma. A diferencia de la dicha, basada en la buena suerte, la fortuna, lo accidental (eudemonía), la felicidad planteada por Nietzsche se encuentra en el instante, en el ser, en el devenir, en una forma sutil de hacer las paces con la realidad que nos precede, llena de amor y llena de descontentos.

Por ejemplo: ¿Qué trabajador puede ser feliz ante el súbito cierre de su empresa? ¿Qué clase de maternidad es feliz cuando ha pasado por tratos precarizados desde el área de tococirugia hasta la cotidianidad de las relaciones intrafamiliares? ¿Qué clase de magisterio es feliz en contextos violentos, donde no hay quien garantice la protección ante un atentado en las instalaciones educativas? ¿Qué clase de estudiante es feliz sometido a un progresivo desbordamiento de información, sin completar ciclos de sueño y ocultando un TAG por temor a ser señalado? Las respuestas conciernen al juicio individual.

Finalmente, replanteando la propuesta de Nietzsche, cada individuo traza su proyecto de vida en parámetros de propósitos y deseos, quien es feliz está consciente de su capacidad de serlo a pesar de las posibles frustraciones para alcanzar este fin, aunque solo sea por momentos.