El mes del desastre

22 de septiembre del 2021

Ya es inicio de mes, la mañana se torna extraña, el viento sopla con potencia, las nubes se tiñen grises como si de una ilustración dantesca se tratase. Comienza la precipitación pluvial, el volumen del agua aumenta conforme pasan los minutos, el bullicio del tráfico se vuelve notorio; carros detenidos con intermitentes puestas, camiones saliéndose de ruta, etcétera. Al cabo de una hora los noticieros comienzan a mostrar imágenes de ríos desbordados, casas inundadas, se anuncia en la radio que, la temporada de huracanes y tormentas tropicales en el Atlántico y en el Pacífico Nororiental ha iniciado. Según los informes del Servicio Meteorológico Nacional en las cifras de 1971 a 2020, septiembre ha sido el mes con más eventos desastrosos debido a ciclones tropicales.
Andrew Maskrey (1993) en la publicación titulada “Los desastres no son naturales” pone como eje central el enfoque sociológico y antropológico de la conceptualización del desastre donde acentúa: Los desastres no son naturales, sino sociales. Se plantea que los seres humanos en sociedad somos los principales afectados en un momento posterior al impacto de un fenómeno natural o de origen antrópico. Los fenómenos naturales que pueden conducir al desastre (a veces intervenido o parcialmente controlado) son: Terremotos, tsunamis, volcanes, huracanes, inundaciones, derrumbes, sequías, entre otros. En cambio los desastres de origen antrópico son aquellos originados intencionalmente por el ser humano, o bien, una falla técnica de gran magnitud, por ejemplo: Guerras, terrorismo, explosiones, incendios, accidentes, contaminación, colapsos e impactos.
El desastre ocurre cuando hay alteraciones en la población, en el medio ambiente y en la estructura física de viviendas, plazas comerciales o industrias de las zonas urbanas. En el caso sinaloense las principales zonas afectadas son aquellas habitadas cerca de un cauce de río o en el cruce de un arroyo, de un canal. Tan solo recordar los estragos de la crecida del Río Fuerte y los destrozos provocados en el Valle del Carrizo en el 2018. O bien, los huracanes Ingrid y Manuel (2013) no solo devastaron la capital del estado, sino alcanzó los estados de Guerrero, Jalisco, Colima y la CDMX.
Septiembre es sin duda un mes con “malos augurios”, más allá de las fiestas patrias. Es necesario incentivar la correlación entre el gobierno, instituciones públicas y sociedad civil para estar prevenidos ante fatales hecatombes. Antes de preparar hotcakes debemos estar atentos al irreversible desastre.

José Osuna

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Originario de Culiacán, Sinaloa.

Licenciado en Ciencias Antropológicas / Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

Miembro del proyecto colaborativo dedicado al estudio de la región Yoreme del norte de Sinaloa.