Que no se nos olvide

Por José Osuna

11 de octubre del 2021

Que no se nos olvide el 2 de octubre de 1968, cuando el oprobio del gobierno de Díaz Ordaz cercenó la voz rebelde de una turba de estudiantes a fuerza de golpes, torturas y balas en Tlatelolco. Tampoco olvidar los juvenicidios que han subvertido las aspiraciones de estudiantes como Salomón, Marco y Daniel asesinados y disueltos en ácido sulfúrico (dado en Jalisco, 2018), ni el feminicidio de Kenia, estudiante de odontología. Suceso indignante registrado el 5 de octubre del 2021 en la sindicatura de Costa Rica.
Que no se nos olvide el 10 de octubre, para exhortar el cumplimiento de códigos deontológicos en las áreas de psicología, psiquiatría y psicofarmacología, donde se apliquen formas tanto flexibles como pertinentes para atender la salud mental. Asimismo actuar con empatía hacia los procesos de angustia o depresión que padecen las personas. Recientemente, aquellas que han sido afectadas por el enclaustro a raíz del COVID-19. En este tenor cuestionar discursos y ambigüedades ideológicas de carácter negativo que tildan en el reduccionismo.
Que no se nos olvide el 12 de octubre, para recordar que fue un despojo de tierras, que la doctrina y el progreso se intercambió por invasión genocida, que los recursos naturales fueron saqueados por el mar Caribe. Que no se nos olvide que a los habitantes del Nuevo Mundo les llamaron idólatras por creer que la tierra es sagrada, por la desnudez ante la vestimenta del europeo, les llamaron salvajes por su “pasividad” ante el actuar bélico de los caudillos, por la apariencia física ante la tez blanca de los colonizadores. ¿Quién descubrió a quién?
Que no se nos olviden las atemorizantes y persistentes horas del jueves 19 de octubre del 2019, cuando la ciudad de Culiacán fue asediada por el linaje de un cartel a base de armas y agraviantes estrategias que consiguieron infundir miedo, propagándose por la capital como ley draconiana hasta el siguiente día.
Cada uno de estos acontecimientos ocurridos (lejanos y recientes), localizados de forma breve o perene en nuestra memoria –siguiendo la idea de Maurice Halbwachs (1925) sobre los marcos sociales de la memoria; olvido, recuerdo y tiempo– dieron como resultado experiencias traumáticas, dolosas, sentimientos de culpa que siguen siendo rebobinadas con reparo, así también han generado cambios en la memoria colectiva al punto de fraguar movilizaciones que exigen el cumplimiento de la ley. Para que lo pasado no se nos olvide.

Lic. José Osuna Espinoza

Originario de Culiacán, Sinaloa. Licenciado en Ciencias Antropológicas / Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Miembro del proyecto colaborativo dedicado al estudio de la región Yoreme del norte de Sinaloa.