Nació dentro del mundo.
por José Osuna

En Occidente y otras partes del mundo, es sabido que, en estas fechas ocurre algo: por una parte, sociabilidad e intercambios que ponderan vínculos positivos entre las personas. Por otra parte, la historia del cristianismo nos dice que en estos días se celebra la navidad. Esta palabra proviene de nativitas que significa nacimiento, es un acontecimiento que para la comunidad cristiana se celebra con furor, recordando al hijo de Dios que entró en la historia de la humanidad; provino del seno de una mujer y en una cuna rústica; nació en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes entre los años 37 y 4 a.C., basado en los relatos del historiador Flavio Josefo (37-100 d.C.).

Si el hijo de Dios nació dentro del mundo significa que estuvo sometido a un tiempo, a un lugar, que padeció cansancios, caminó y trabajó, que no estuvo exento de las sublevaciones políticas, de la agitación social provocada por la desigualdad y de la humana fragilidad que aglutina emociones de ira, de tristeza. Es sabido que existen aspectos del cristianismo en la historia que han sufragado sucesos de conflicto, indignación y otras dolencias en la memoria colectiva, pero –como mencionaba Chesterton (1987)– “si el mundo necesitara tomar un aspecto del cristianismo que no diera lugar a controversias, seguramente elegiría la natividad”. En los estudios de antropología de la religión se ha llegado a considerar que la misión del rito de la navidad entre el cristianismo es la misma que entre los «no cristianos» (el gremio secular): estrechar lazos entre las personas e iniciar ciclos nuevos.

Aquel ser divino que nació dentro del mundo compartió la finitud y la precariedad social, se hizo empático con los marginados y sentenció con autoridad: Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo (Mateo 25, 31-46). La navidad es proclive de recordar que existen pautas sociales para acercarse a la otredad, fue posible para un grupo de pastores y los actores intelectuales de Oriente contemplar la Divinidad de una cuna; un Dios nacido en una gruta y en condiciones sencillas. Puede ser posible para nosotros solidarizarse con las víctimas del rezago social; personas en vida de calle, las mujeres que buscan esperanzadas a sus desaparecidos y otros seres que experimentan formas peculiares de sufrimiento individual. Deseo que estos días actuemos con los parámetros de la ética de la compasión, entretanto ¡feliz navidad a todas y todos!